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Forever A. Lone

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Forever A. Lone

Mensaje por Sieglieg Petrova el Jue Ago 04 2011, 02:46



Título: Forever A. Lone
Autor: Sieglieg Liedger - alias Sieglieg Petrova -
Género: Acción, terror, romance, erotismo.
Tema:
Tras lo que sólo podría ser definido como el fin de la humanidad, los humanos sobrevivientes vagan por la Tierra enfrentando difíciles situaciones y a criaturas perversas que los llevarán a utilizar todo su potencial con tal de lograr que la especie humana no se extinga, y continúe su existencia en un mundo que jamás volverá a ser el mismo...
Tiempo: Año 0003 (2015).
Parejas: Adam Lone y Claire Radcliff.
Edad recomendada: +18, ahora, yo no puedo prohibirles que lo lean... pero los menores no volverán a ser los mismos después de esto...
Copyright: Todos los personajes son de mi creación, excepto algunas de las criaturas malignas de dominio público.
Notas: Solo me queda una semana de vacaciones, y ese tiempo debo invertirlo entre el rol, el Fanfic, leer y salir a divertirme también, así que no esperen que me pase todo el día escribiendo... ahora que cuando regrese a la uni... habrá menos tiempo para todo. Permito comentarios aquí mismo.

Forever A. Lone

I. Prologue

"Tres años han pasado desde el fin, uno desde Claire está conmigo. Nadie lo vio venir... pero las señales estaban ahí. Los Mayas lo habían predicho, pero la humanidad nunca entendió el sentido de sus palabras.

La profecía hablaba del fin, de un cambio radical que acabaría con el entonces establecido orden de las cosas, pero los hombres tergiversamos el significado, hablando del fin del planeta, de desastres naturales que acabarían con todos y cada uno de los seres vivientes, marcando un fin y un inicio. Otros hablaron de un cambio en la mentalidad humana, impulsado por la notoria influencia negativa que el egoísmo estaba provocando en el mundo. Pero todos se equivocaron...

Al comienzo del siglo XXI, las evidencias de que algo grande se acercaba eran marcadas, pero nadie pudo prever la naturaleza de lo que estaba por llega. Pensándolo ahora... fuimos unos idiotas. Cambios climáticos, aumento de la temperatura terrestre, derretimiento de los polos, aumento en la actividad volcánica y sísmica... ninguna religión, por mucho que sus líderes proclamaran ser los que tenían razón, pudo advertir lo que los pocos sobrevivientes que quedamos comprendemos muy bien: el infierno está a nuestro alrededor.
"

Adam Lone (1990 - 00XX)


Última edición por Sieglieg Petrova el Dom Jul 15 2012, 04:26, editado 1 vez
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Re: Forever A. Lone

Mensaje por Ignorasol el Jue Ago 04 2011, 14:12

mmmmm suena bien.
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Re: Forever A. Lone

Mensaje por Sieglieg Petrova el Vie Ago 05 2011, 02:46

II. Adam

No había silencio sólo debido al viento que agitaba las hojas de los pocos árboles que habían en la ciudad abandonada, pero la calma era absoluta. No había indicios de vida en la superficie. Todo el mundo estaba igual. Desde el fin, los pocos seres que habían logrado sobrevivir habían comenzado a perecer lentamente. El hambre, el frío, la soledad... o peor, los caminantes o los demonios, se habían encargado de eso, convirtiendo a la una vez sobrepoblada Tierra en un desierto carente de vida.

A dos años del inicio de la catástrofe, eran muy pocos los que aún quedaban rondando por el mundo, peleando por sus vidas en un, talvez, inútil esfuerzo por ser un remanente de un mundo extinto. Pero aunque no se apreciara vida alguna en la superficie durante el día, no significaba que no hubiera algún tipo de criatura...

El "caminante", una criatura de origen humano, alzó la cabeza buscando con sus ojos blancos y carentes de alma al emisor de ese sonido extraño, que muy primitivamente había logrado relacionar con alimento. Se volteó torpemente y comenzó a tambalearse a lo largo de la calle, dirigiéndose hacia el vehículo que emitió el ruido. Lejos, varias calles más adelante, logró divisar el movimiento de la maquinaria metálica. Se estaba acercando. La comida venía voluntariamente hacia él. Ansioso, el caminante estiró sus brazos con anticipación, estaba hambriento, hacía mucho que no comía. Pronto, el automóvil llegó hasta él, deteniéndose a un poco más de diez metros, y un segundo después, su tan ansiado premio bajó del lado del conductor, acción que no hizo más que motivar al caminante a avanzar más rápido, gimiendo cuan idiota era. Se acercó más, más y más... listo para saborear la carne fresca y caliente de el humano que...

¡BAM!

Fue lo último que escuchó antes de que una bala le destrozara el cráneo, esparciendo su inútil cerebro sobre el pavimento. Un joven, de cabello negro y ojos verdes, bajó su arma lentamente, mirando en todas direcciones para asegurarse de que no hubiera más caminantes por ahí cerca. Cuando estuvo convencido de que era relativamente seguro, regresó al automóvil que había estado conduciendo y sacó una mochila que estaba en el asiento del copiloto. Tenía que moverse rápido... el sonido del disparo pronto atraería a más caminantes.

Adam Lone, quien acababa de cobrarse a otro caminante, entró rápidamente en el almacén, procurando mirar en todas direcciones para asegurarse de que no hubiera algún otro caminante por ahí. Curiosas criaturas eran los caminantes. Curiosas y aterradoras. Nadie sabía quien había sido el primero de ellos, pero eso no era lo importante. Había algunas cosas interesantes que saber acerca de ellos. Lo más importante era que, la mayoría de las veces, nunca estaban solos. Algo de su naturaleza humana prevalecía luego de que se convirtieran, les "gustaba" estar en grupos. Lo otro era que lo mejor que se podía hacer era evitar un enfrentamiento directo. En apariencia, su aspecto de zombie podía engañar a los ojos. Su caminar torpe y lento no mostrab su verdadera fuerza, muy superior a la de la mayoría de las personas.

Adam se abrió paso a través de los pasillos, caminando directamente hacia la sección de los enlatados. Revisando las fechas de expiración, recogió varias latas de frutas y verduras, así como de sopas y carnes enlatadas. No eran las más deliciosas, pero era lo único que podía llevar de ese lugar, en donde todo lo demás estaba descompuesto ya. El olor era muy desagradable, sobre todo el proveniente de la sección de congelados. Metió todas las latas en la mochila y se dirigió hacia la sección de hogar y jardín para buscar baterías y linternas. Una vez que tuvo todo, se marchó del lugar, regresando a su auto. Registró las calles, sorprendentemente no había nada ni nadie, justo como lo había dejado. Se subió a su auto y cerró los seguros. Con tranquilidad, tomó el mapa de la guantera y marcó con una cruz el almacén por el que acababa de pasar. Ya no quedaba nada que pudiera llevarse de ahí. Suspirando, miró el espejo retrovisor para comprobar que no venía nada. Ajustándolo, pudo ver su reflejo, encontrándose primero con un par de ojos verdes. Cuando la humanidad aún existía y dominaba el mundo, le habían dicho en varias ocasiones que era apuesto. Cabello negro y lizo, ojos claros, nariz recta y una mandíbula cuadrada y fuerte. No era realmente alto, no pasaba del metro setenta y siete, estaba en la media, y su estado físico en ese entonces no era tan bueno como el que tenía ahora, pero nunca había tenido problema alguno para tener novia si así lo quería. Se fijó bien, ya debería afeitarse de nuevo. No le gustaba mucho el pelo en la cara. Ahogando una risa, encendió el motor y arrancó, aún tenía que visitar algunas gasolineras y demás antes de regresar a casa antes del anochecer.
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Re: Forever A. Lone

Mensaje por MoN_SooKie el Vie Ago 05 2011, 11:15

Me gusta!! Mmmmmmm por el nombre de ella, no verias The Gates, no?

Sigue!! Me encantan estas historias de catastrofes, muertos vivientes, y demás Wink

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Re: Forever A. Lone

Mensaje por Sieglieg Petrova el Vie Ago 05 2011, 21:28

Off: ... Son of a Bitch!!! Ahora calza todo!!!!! Yo aquí, ya decidido con el nombre Claire para la co-protagonista e intentando escoger un apellido apropiado y de pronto pienso en Radcliff y me digo: "Mmmm... Claire Radcliff... suena bien, casi como si ya lo hubiera oído antes." Y ahora resulta que sí lo había oído antes, ajajajaja. ¿Cómo se me olvidó la serie The Gates? Uffff... XD, bueno, ya no hay nada que hacer...

III. Claire Radcliff

La tenue luz del sol del atardecer atravesó el parabrisas del Jeep que recorría la autopista a toda velocidad, iluminando el rostro de la joven durmiente, sacándolade sus sueños y devolviéndola a la realidad. Frunciendo el entrecejo, Claire abrió los ojos lentamente, alzando una de sus manos para protegerlos de la luz del sol. Parpadeó varias veces para acostumbrar sus ojos al brillo intenso.

-Que bueno que despiertas, ya casi llegamos -dijo el hombre sentado frente al volante. Claire se volteó y sonrió, antes de relacionar la puesta de sol con el hecho de que aún estaban viajando.

-¿Podremos llegar antes del anochecer? -preguntó asustada.

-No te preocupes, hija -la tranquilizó su padre -. Aún tenemos unas dos horas antes de que anochezca y no creo que demoremos más de veinte minutos en llegar a la ciudad.

Claire asintió, un poco más tranquila. La idea de pasar la noche en el exterior la aterraba. Se inclinó hacia delante y miró el cielo. Las primeras nubes ya estaban deslizándose lentamente para cubrirlo todo. Si bien no parecía nada más que un día con nubosidad parcial, Claire sabía que empeoraría.

Luego del "apocalipsis", solo habían quedado, en esencia, dos estaciones: el verano y el invierno, pero el clima lluvioso dominaba todo el año. Cada una de las estaciones duraba aproximadamente 6 meses, y llovía todos los días. En verano, estación que estaba a unas pocas semanas de llegar a su fin, durante el día estaba despejado y caluroso hasta que se aproximaba el anochecer, que era cuando se nublaba y la temperatura comenzaba a descender. Por las noches, la lluvia perduraba hasta el amanecer. Cuando el sol salía, las nubes se marchaban y esperaban pacientemente su hora de regresar.

En invierno las cosas eran bastante más malas. Durante el día llovía con la misma intensidad que en las noches de verano, y la temperatura aún era tolerable... pero en las noches... nadie quería salir por las noches. La temperatura descendía más aún, muy por debajo de los -10º C, y poderosas tormentas azotaban la tierra. Claro que después del primer invierno, Claire y su padre, Luis, habían aprendido a estar preparados. Comenzar a temperar su hogar con varias horas de anticipación antes del anochecer, con varias estufas, y apagar y cerrar todo cuando la poca luz del día se esfumara, cubriéndose con mantas y mucha ropa.

Lamentablemente eso ayudaba por varias horas, pero no por toda la noche... y estaba prohibido prender algún tipo de calefacción durante las noches, debido a las criaturas que el calor podía atraer. Los caminantes eran una cosa, pero cualquier criatura que saliera solo de noche era aún peor que un grupo de diez zombies. Un escalofío recorrió la espalda de Claire cuando recordó sus primeros encuentros con esas criaturas. Como sólo salían de noche, y la energía eléctrica llevaba mucho tiempo cortada, la luz nocturna era, prácticamente, nula. Con las noches siempre nubladas, ni la luna ni las estrellas podían iluminar algo... y enfrentarse a los monstruos nocturnos en esa clase de oscuridad era... bueno, letal en la mayoría de los casos. Lo habían aprendido a las malas, durante la primera noche en los demonios habían sido capaces de salir a la superficie.

Claire lo recordaba muy bien. Dos años antes, el último día en que la humanidad podría haberse considerado como la especie dominante del planeta, todo se fue a la basura. El problema principal fue la rapidez con que todo pasó. El día 21 de Diciembre del 2012, todos los que estaban preocupados por las predicciones Mayas respiraron con tranquilidad cuando nada sucedió y la noche llegó al fin... ignorando el verdadero peligro. Esa noche, todas las criaturas que esparaban su salida fueron libres... libres para salir y alimentarse. Miles... millones de personas perdieron a sus familias y todas sus posesiones esa noche... y debido a toda la confusión y el terror que reinó el día siguiente, no pudieron prepararse para la segunda noche, que fue tan devastadora como la primera.

-Mira -le dijo su padre, sacándola de sus recuerdos -. Ya llegamos.

La chica de cabello negro y ojos café miró los primero edificios que comenzaban a ser visibles a la distancia y sonrió con tristeza. Si bien las ciudades eran más seguras que el campo, también era más arriesgado vivir en ellas. Las casas y edificios proveían refugios resistentes y seguros... pero también servían como escondite a las criaturas malignas que esperaban pacientemente por su próxima comida.
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Re: Forever A. Lone

Mensaje por MoN_SooKie el Vie Ago 05 2011, 22:55

Jajajaja pues yo creo que solo por el nombre, tu chica ya me va a caer bien aunque la conozca tan poco, adoraba a Claire en la serie jejeje

Tengo mucha curiosidad por ver el primer encuentro con alguno de los demonios

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Re: Forever A. Lone

Mensaje por Sieglieg Petrova el Dom Ago 07 2011, 03:39

IV. Preparando un viaje

Adam aparcó en una de las gasolineras que tenía señaladas en su mapa. Desde lejos logró divisar que era una bomba manual y sonrió. Debido al corte energético, era imposible extraer el combustible de los tanques de las gasolineras que tuvieran solo el sistema de inyección electrónica, así que cuando debía recargar combustible, ya fuera el tanque de su auto o los contenedores de emergencia que guardaba siempre a mano, debía buscar gasolineras como aquella o succionarlas de los tanques de combustible de los muchos automóviles abandonados que se encontraban en las calles. Se aseguró de que no hubiera caminantes a la vista y bajó del auto para cargar el combustible. Esas bombas manuales eran bastante pequeñas, pudiendo cargar cerca de 45 litros por minuto. Claro, eso estaba bien para el mundo de antes, pero en un lugar en donde un minuto podía significar la diferencia entre la vida y la muerte era bastante demoroso.

Una vez llenó el tanque de combustible, sacó los contenedores vacíos del maletero y procedió a llenarlos también. Solía tener varios de ellos guardados para emergencias, sobre todo en situaciones como aquella, cuando comenzaba a preparar un viaje. Una mudanza, más bien. Ya había agotado casi todo lo que podía obtener de esa ciudad... había llegado el momento de regresar a su primer hogar desde el fin del mundo. Tenía planeado largarse de ese lugar a más tardar en tres días, lo que le daba tiempo para preparar todo para cuando decidiera regresar.

Tenía refugios en cuatro ciudades diferentes, todas separadas por varios cientos de kilómetros. Siempre era un apartamento, no muy grande para poder calefaccionarlo con facilidad. Pero el edificio en sí tenía que cumplir con algunas condiciones también. Las cuatro veces que se había mudado desde que llevaba solo, había buscado edificios que tuvieran elevador, incluso cuando éstos no funcionaban y eran inútiles para subir o bajar. Lo que le importaba en realidad eran los conductos. En caso de emergencia, llámese una invasión de caminantes en la que no pudiera utilizar las escaleras para bajar hacia los estacionamientos y poder escapar, podía utilizar los ductos del elevador para bajar rápidamente. Dado esto, lo segundo que consideraba primordial era que el edificio contara con un estacionamiento subterráneo cerrado, y que los elevadores llegaran hasta ellos.

El resto era ya considerado como un lujo, aunque claro, si además de los elevadores y estacionamientos subterráneos encontraba un edificio que tuviera apartamentos que contaran con termopaneles y demás, mejor. Por eso siempre buscaba primero en los hoteles.

Claro, quizás algunos considerarían que una casa fuertemente asegurada, con uno o dos vehículos en el garaje, bastaría para mantenerse a salvo, ya talvez así fuera... en el caso de los caminantes. Pero Adam sabía que nada de lo que utilizara para asegurar la vivienda podría ser de verdadera ayuda en contra de las criaturas nocturnas.

El joven de cabello negro terminó de llenar los contenedores y volvió a acomodar la manguera en el soporte de la estación. Registró los alrededores, descubriendo que seguía estando solo, y luego miró el cielo. Las nubes ya habían comenzado a aparecer... pronto terminaría de nublarse y la lluvia caería. Chasqueando la lengua, decidió que tendría que ir a visitar las armerías al día siguiente. Regresó al automóvil y guardó los contenedores de combustible en el maletero antes de ingresar en el lugar del piloto y encerrarse en el vehículo. Recogió su mapa y marcó su locación con un círculo, para dejar registrado que en ese lugar aún podría conseguir gasolina. Suspirando, buscó en el mapa la ruta más directa para regresar a su apartamento. Era la primera vez que se pasaba por ese sector de la ciudad, lo había estado reservando justamente para cuando decidiera mudarse. Arrancó el motor y aceleró en dirección de su apartamento.

***

Adam cerró la puerta detrás de él tras un último vistazo al pasillo del décimo primer piso del edificio en el que se refugiaba. Solo después de eso se permitió relajarse un poco. Volvió a guardar su Desert Eagle en la funda que llevaba en el cinturón y se dirigió hacia la pequeña sala para mirar a través de la ventana. El cielo ya estaba completamente cubierto por las nubes, no tardaría en comenzar a llover. El joven de 19 años se concentró en los edificios, o más bien en la silueta de éstos, recordando una época en la que, a esas horas, las luces de los apartamentos ya comenzaban a encenderse, iluminando el ambiente, adornándolo con luces de distintos colores. Nunca se detuvo a mirarlas fijamente, a disfrutar de su fulgor… y ahora ya era imposible. Una gota solitaria golpeó contra el cristal, llamando su atención, y como era costumbre, un segundo después, la lluvia comenzó a caer con toda su fuerza. La oscuridad en el exterior era casi absoluta, solo faltaban unos cuantos minutos para que anocheciera por completo, pero ya estaba comenzando a estar lo bastante oscuro para que las criaturas nocturnas comenzaran a salir. Cerró las cortinas de todo el apartamento y luego procedió a encender unas cuantas lámparas a baterías. Aún era demasiado temprano como para irse a dormir… y no es que pudiera dormir demasiado, de todas formas. Siempre debía estar alerta al exterior, por ende nunca podía dormir profundamente. Se dirigió hacia la entrada de la cocina, donde tenía amontonada toda la comida que iba a llevarse en la mudanza y comenzó a inspeccionarlo todo, asegurándose de que las fechas de expiración estuvieran aún lejos. Tenía un poco de todo, sobre todo fruta. El solo pensar en seguir comiendo eso le daba un poco de asco. Llevaba meses comiendo lo mismo… Suspiró. Ordenó todo lo que iba a llevarse en un nuevo montón y conservó el resto apartado: unas pocas latas cuyo contenido consumiría los días siguientes. Volteándose, levantó una de las lámparas y se dirigió hacia su habitación para comenzar a organizar sus armas y sus municiones. Así podría registrar lo que tenía que buscar al día siguiente. Al contrario de lo que la mayoría podría pensar, no era muy recomendable armarse con todo lo que uno pudiera encontrar en una armería. Estar bien armado, en la medida justa y con las armas adecuadas, se trataba más de calidad que de cantidad. Adam sonrió al recordar cuando su padre le había enseñado eso.

Chris Lone, un Marine de gran prestigio, le había enseñado todo lo que él sabía y que en esos momentos utilizaba para sobrevivir. Lamentablemente, al ser parte de las fuerzas armadas, fue enviado a combate cuando todo ese desastre comenzó luego de las primeras noches, cuando los primeros caminantes aparecieron. Adam contaba 17 años la última vez que lo vio, y desde entonces tuvo que valerse solo de si mismo para sobrevivir. Solo entonces le hizo caso a las palabras de su padre, y comenzó a hacer ejercicio en las mañanas para mantenerse en forma. Si no lo hubiera hecho, jamás habría podido sobrevivir a todas esas carreras que había tenido que correr para escapar de los caminantes, cargando con todas las armas que llevaba encima, y la comida y herramientas y lo que necesitaba para vivir.

“No sabes lo agradecido que estoy, papá.” Pensó, sonriendo con tristeza antes de dejar que un suspiro escapara de sus labios. “Te extraño.”

Cuando llegó a su habitación, se dio cuenta de lo cansado que estaba y decidió que podía esperar a la mañana siguiente para inventariar sus armas. Regresó a la sala y apagó las lámparas, revisando por última vez que la puerta de entrada estuviera fuertemente cerrada, antes de regresar a su habitación y tumbarse en la cama.
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Re: Forever A. Lone

Mensaje por MoN_SooKie el Dom Ago 07 2011, 11:39

Buf no me puedo llegar a imaginar lo que tiene que ser vivir completamente solo en un mundo asi, que triste...

Me esta gustando mucho Adam, si si jejeje

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Re: Forever A. Lone

Mensaje por Sieglieg Petrova el Mar Ago 09 2011, 21:25

V. Recuerdos

Claire volvió a voltearse sobre el sillón, intentando dormir. Siempre le resultaba difícil hacerlo con la lluvia golpeando contra los cristales. No era que tuviera miedo a las tormentas o algo así… era lo que se movía bajo la lluvia lo que la ponía nerviosa. Solo las había visto un par de veces, y tenía suerte de poder decirlo. Esas criaturas… jamás podría sacárselas de la cabeza. Eran lo que cualquier persona podría llamar monstruos. Por suerte, las pocas veces que había visto a algunas de ellas, habían resultado ser de las menos peligrosas.

Volviendo a acomodarse, suspiró, escuchando atentamente el ruido del exterior. Sólo se podía escuchar el agua que caía. Eso la hacía sentir un poco mejor, ya que ocasionalmente se podía escuchar un gruñido, algunos pesados pasos, lamentos… o peor. Recordaba una ocasión en la que había escuchado un grito… un grito humano, seguido por un potente rugido. A esas alturas, no se podía hacer nada. Intentar ayudar a quien fuera que hubiera sido ese desafortunado solo habría revelado su presencia a las criaturas nocturnas, y ahora que eran solo dos eso simplemente era impensable.

Luego de las primeras semanas desde que los caminantes y los monstruos aparecieron, lo que restaba de la humanidad se reunió en grupos para ayudarse entre ellos a sobrevivir, y Claire y su padre no habían sido la excepción. Al principio, su grupo inicial había contado con más de veinte personas, la mayoría de ellos conocidos y vecinos… pero pronto habían comenzado a disminuir. Muy tarde descubrieron que vivir en grupos grandes no era una buena idea. Sin embargo, ella y su padre habían encontrado a más sobrevivientes durante esos dos años, gente que vivía en un grupo muy numeroso. Casi cincuenta personas conformaban una gran familia que viajaba junta, buscando lugares en donde establecerse durante una temporada invernal, para luego volver a moverse en el verano. Así habían pasado desde que la catástrofe tuvo lugar. Los habían encontrado el invierno anterior, cuando habían llegado a su ciudad para quedarse a pasar el invierno. De hecho, habían sido ellos, o más bien Cedric Bruner, su líder, quien había influenciado en ellos para realizar el viaje que estaban haciendo en ese momento. Él les había hablado acerca de los refugios que se encontraban en las costas del noreste, en donde las fuerzas armadas habían construido edificios sobre las pequeñas islas para mantener alejados a los demonios y los caminantes. De acuerdo a Cedric, las transmisiones que habían captado hablaban acerca de instalaciones fuertemente reforzadas, que contaban no sólo con un gran armamento, sino que también con electricidad, agua potable y otras comodidades, además de equipos médicos y medicinas. Eran, sin lugar a dudas, pequeñas porciones del mundo que una vez fue su hogar… su mundo.

Cedric les había ofrecido que fueran con ellos, pero su padre no había aceptado. Claire ni siquiera había objetado. Si su padre creía que eso era lo mejor, ella estaba de acuerdo. De todas formas, Cedric les había dejado un mapa con las locaciones de los refugios marcadas en él, por si cambiaban de opinión, pero no fue hasta después de un incidente que su padre había decidido probar suerte e ir a investigar de qué se trataba. Claire volvió a acomodarse, forzando a los recuerdos de esa aterradora noche a permanecer ocultos en el fondo de su mente.

- ¿Aún sin dormir? – preguntó su padre, en un susurro. Claire se levantó lentamente, intentando no hacer ruido. – Tranquila, no hay nada allá afuera. Duerme.

- Creo que haber dormido durante el viaje me ha dejado sin sueño. – respondió Claire, acercándose a su padre. No podía verlo debido a la oscuridad, y la pequeña linterna que brillaba débilmente cerca de él no ayudaba en nada, pero notaba en su voz que él estaba exhausto. Había hecho guardia toda la noche anterior y además había conducido todo el día para llegar hasta allí. – Tú estás agotado. Ven, tú trata de dormir un poco. Yo vigilaré. – ofreció la chica. Había estado en todo lo correcto. Su padre ni siquiera intentó disuadirla de lo contrario.

- ¿No te importa? – preguntó, recostado en el sofá, medio dormido ya. Claire sonrió.

- Claro que no. Duérmete ya. – le dijo Claire. En menos de un segundo su padre estaba ya inconsciente. Claire volvió a sonreír y negó con la cabeza, sentándose cerca de a ventana para poder escuchar mejor a cualquier cosa que se acercara a merodear por ahí. No le molestaba turnarse con su padre para hacer las vigilancias, se ponía un poco nerviosa, si, pero lo que más le molestaba era que, al estar en silencio y sola, tendía a recordar como era su vida antes de todo eso… y eso la entristecía mucho.

Dos años antes, cuando el mundo aún no pasaba por esa catástrofe, ella era una estudiante de secundaria completamente normal, a solo unos años de poder ingresar a la universidad. Con 15 años, rostro y cuerpo hermosos y una simpatía y carisma que tendía a agradarle a la mayoría de la gente, gozaba de una gran popularidad tanto en el colegio como fuera de éste. Siempre estaba rodeada de amigos y gente que la apreciaba y protegía, sobre todo su familia. En una vida anterior a ese desastroso día de diciembre, ella tenía no solo un padre, sino que también una madre y un hermano mayor. Habían pasado dos años ya, y todavía le dolía pensar en ellos. Su madre, Clara, había muerto en la primera noche, seguramente devorada por alguna de las bestias que arrasaron con su casa… con todo su vecindario. Su hermano Brian, de 19 años en ese entonces, había comenzado una carrera militar desde su adolescencia y se unió a las fuerzas armadas en los campos de lucha contra las criaturas, exterminando a cuantas podía y rescatando sobrevivientes. Ni su padre ni ella habían oído hablar algo de él desde entonces. Pronto, todos los medios de comunicación se habían desconectado y contactarlo se había vuelto, definitivamente, imposible… sobre todo después de que habían tenido que marcharse de su ciudad natal para buscar refugio. Tanto ella como su padre pensaban lo peor.

Claire suspiró tristemente, dejando de pensar en esos seres queridos a los que no volvería a ver. Tenía que concentrarse en ese momento, su vida y la de su padre dependían de que ella pudiera detectar a los monstruos antes de que éstos pudieran detectarlos a ellos. No podía darse el lujo de divagar en esos momentos.

***********

Muy bien! Ahora que los personajes fueron presentados y la situación está más o menos explicada, podems comenzar de lleno en la historia principal!
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Re: Forever A. Lone

Mensaje por MoN_SooKie el Mar Ago 09 2011, 22:01

Aix pobre Claire, pero espero que su hermano siga con vida y se reencuentren...

Siiiiiiiiiiii quiero accion!!


Última edición por MoN_SooKie el Miér Ago 10 2011, 15:48, editado 1 vez

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Re: Forever A. Lone

Mensaje por Ignorasol el Miér Ago 10 2011, 13:44

vaya, no sabía q se te daban tan bien las historias.
Me ha gustado mucho cómo describes todo. me recuerda a una mezcla entre Soy leyenda y La niebla.
me gustaría saber cómo son esas criaturas físicamente pero creo q tendré que esperar.
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Re: Forever A. Lone

Mensaje por Sieglieg Petrova el Vie Ago 26 2011, 01:55

VI. Riesgo

Adam dio la vuelta en el pasillo siguiente, corriendo a toda velocidad. No podía creer que había llegado a eso. No podía creer que había sido tan estúpido. El muchacho de cabello negro y ojos verdes miró por sobre su hombro y divisó a sus perseguidores. Un ejército de caminantes se movía torpemente hacia él. Ninguno de ellos era rápido, apenas si podían caminar, pero eran demasiados como para hacerle frente a todos, y menos estando en un lugar como ese. Si llegaba a un camino sin salida, era hombre muerto.

Había despertado ese día y, luego de hacer sus ejercicios y tomar un baño, había salido de su apartamento para dirigirse a las armerías que tenía marcadas en su mapa para poder armarse antes de realizar su mudanza. Había recorrido todo el camino desde el lado sur de la ciudad, cuyas dos armerías ya había “saqueado” ya, hacia el lado norte, que contaba con otras tres, pero para su mala suerte, una de ellas estaba en el interior de un centro comercial. Peor aún, luego de visitar las otras dos descubrió que éstas ya habían sido vaciadas. No quedaba nada que él pudiera utilizar. De mala gana, no le quedó de otra más que ir a ver la armería que estaba en el centro comercial.

Al llegar, lo primero que hizo fue dejar su auto arriba, en los estacionamientos exteriores. Según señalaban las indicaciones en la entrada del centro comercial, la maldita armería estaba abajo, en el primer nivel inferior, su única entrada era a través de los estacionamientos subterráneos. Adam se había debatido la decisión de bajar hasta allá durante casi media hora. No quería tener que hacerlo, pero necesitaba las armas y municiones. Al final, cuando decidió bajar, primero sacó una escopeta cargada y varios cartuchos para ella por si tenía que recargarla del maletero de su auto. Se colgó la pesada arma de un hombro, cruzándose la correa sobre el pecho antes de sacar una mochila y colgársela en la espalda, acomodando la escopeta para un acceso rápido por si lo necesitaba. Luego, para añadir una compañera a su Desert Tagle, sacó una beretta y la colgó en su cinturón, guardando un cargador completo en la riñonera que traía siempre consigo. Cuando estuvo preparado cerró el auto y, dando un suspiro, avanzó hacia la puerta de entrada, con la Desert Eagle en alto y en completo silencio. Como gran parte de los edificios de la ciudad, el centro comercial también había sufrido destrozos. La puerta de acceso principal estaba completamente destruida, esparcida sobre el piso, lo que no era una buena señal. Una entrada abierta significaba que cualquier cosa podía entrar. Debería haberle hecho caso a su instinto… se había confiado porque al entrar y recorrer el camino hacia el acceso al subterráneo no había visto ni oído nada… pero eso nunca significaba que no había nada ahí. Había terminado de cargar su mochila con el armamento cuando los primeros muertos vivientes habían comenzado a aparecer… y ni dos minutos después todo el lugar se había convertido en un maldito escenario de Resident Evil.

El joven volteó hacia otro pasillo, uno que esperaba lo llevara a la entrada que había utilizado. Aunque cualquier salida estaría bien, de hecho. Al salir al enorme recibidor principal, se detuvo de golpe. Un mar de caminantes, que no había visto antes, avanzaba torpemente hacia él. Seguramente habían sido atraídos por el ruido, motivados por él para salir de sus escondites para buscar comida. Adam apretó la mandíbula. Podría hacerse un camino entre ellos, si no tuviera otro montón de muertos vivientes detrás de él restándole tiempo para asegurarse de poder avanzar de forma segura. Bastaba una sola mordida para que se convirtiera en uno de ellos… y Dios sabía que jamás permitiría que pasara algo así. Miró hacia atrás, el ejército de zombies que lo perseguía desde la armería ya estaba allí, ansiosos por saborearlo. Chasqueando la lengua, Adam miró en todas direcciones, buscando algún otro camino por el cual escapar. No había caso, todo el primer nivel estaba repleto de caminantes, jamás podría escapar de todos ellos. Ya casi se había resignado a tener que comenzar a disparar para prolongar levemente su existencia cuando se percató de que, a su izquierda, a unos veinte metros, había una escalera que llevaba hacia el segundo nivel. Había unos pocos caminantes que se interponían en su camino, pero nada que no pudiera enfrentar, y ciertamente era mejor arriesgarse que ser devorado. Comenzó a correr justo a tiempo para evitar que un caminante lo sujetara por la espalda. El primero de los zombies que le bloqueaba el paso se tambaleó, ansioso, estirando sus brazos hacia él. Adam le miró, analizándolo por completo en menos de un segundo. Por su apariencia, podía afirmar que no se había vuelto un caminante mucho tiempo atrás. Su piel aún estaba bien sujeta a su cuerpo, y su carne no estaba podrida en exceso. Apestaba, si, pero aún no estaba cayéndose a pedazos. Sin dudarlo y antes de que el caminante se diera cuenta, Adam apuntó su Desert Tagle y disparó, certeramente destruyendo el cráneo del caníbal. Volvió a apuntar, disparando hacia el segundo caminante mientras seguía corriendo hacia la escalera. Disparó tres veces más, derribando a otros tres caminantes antes de llegar, en el momento justo en el que el mar dividido de zombies que lo rodeaba se cerraba detrás de él. Si hubiera esperado un segundo más, estaría muerto. Miró hacia abajo y sonrió de medio lado, agradecido de haber podido escapar. Los caminantes en el primer nivel chocaban entre sí y se amontonaba para intentar subir hasta él. Adam se volvió y siguió subiendo, llegando hasta el segundo nivel rápidamente. Había unos cuantos caminantes ahí también, pero eran manejables. Miró hacia abajo y notó que la entrada principal estaba descubierta, pero no tardaría en volver a bloquearse por el ejército de muertos. Comenzó a correr nuevamente, disparando hacia los caminantes más cercanos, desparramando sus cerebros por el piso y las paredes y abriéndose camino con facilidad. Había otra escalera que podría utilizar para bajar justo junto a la entrada principal, solo era cuestión de atravesar el pasillo y bajar antes de que los caminantes del primer nivel volvieran a esparcirse.

Siguió disparando a los caminantes que bloqueaban su camino, ahorrando municiones simplemente esquivando a los que estaban muy alejados como para que lo alcanzaran, y empujando a los que estaban aislados de los otros. Y así llegó a la escalera, la que bajó saltando de a tres escalones, y cuando llegó al primer nivel se volteó, echándole una última ojeada a la horda de muertos que se dirigía torpemente hacia él. ¿Cómo era que había tantos en un solo lugar? Se suponía que eran criaturas sin intelecto alguno… sin razón, ni sentimientos, ni recuerdos… nada. Pero ahora que veía eso, Adam se estaba replanteando esas ideas. ¿Podría ser que conservaran recuerdos de cuando eran humanos? ¿De cuando estaban vivos? ¿Era por eso que se habían reunido todos en el centro comercial?

Juntando las cejas, Adam se volteó y salió del edificio. Disparó a un caminante solitario que estaba cerca de su auto y se acerco al vehículo. Volvió a mirar hacia el centro comercial, captando el momento en que los primeros caminantes salían. Rápidamente, Adam abrió la puerta trasera y arrojó su mochila llena de armas y su escopeta sobre el asiento trasero antes de entrar y sentarse sobre el asiento del conductor. Encendió el motor y metió reversa, alejándose del grupo de zombies antes de girar el volante y cambiar de marcha, acelerando para irse de ese lugar. Ya estaba a salvo… y solo entonces se dio cuenta de que estaba respirando aceleradamente. Aspiró pausadamente para calmarse, sin dejar de prestar atención al camino. Había estado muy cerca esta vez.

Mientras dejaba que el sonido del motor lo relajara, comenzó a sonreír. Había sido una jornada muy, muy arriesgada, pero su objetivo había sido cumplido. Miró hacia atrás rápidamente, sonriendo a la gran mochila de viajero que estaba llena de armas y municiones. Ya podía dar por completadas las preparaciones para su mudanza. Al día siguiente se iría a otra las que él consideraba sus ciudades.
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Re: Forever A. Lone

Mensaje por MoN_SooKie el Miér Sep 07 2011, 11:23

Aix que no habia leido el ultimo!
Uy Adam por poco!! Ya tengo ganas de que se mude, despues de lo que le ha costado prepararse jejeje

Sigue Sieg!

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Re: Forever A. Lone

Mensaje por Ignorasol el Lun Sep 12 2011, 13:55

q bien descrito todo. y yo tb me he quedado pensando cómo es q se organizan?? eso no me gusta nada.
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Re: Forever A. Lone

Mensaje por Sieglieg Petrova el Sáb Oct 01 2011, 23:38

VII. Contratiempos

El silencio reinaba en ese lugar y nada que se moviera podía verse a la distancia. El automóvil del padre de Claire volvió a ponerse en marcha, con los dos humanos en su interior. Luego volvió a detenerse, y los dos esperaron para ver si algo era atraído por el ruido del motor.

- Nada. – aseguró Claire, mirando hacia su derecha a través del vidrio de la puerta del copiloto.

- Tampoco por aquí. – confirmó su padre, y quitó el pie del freno para dirigirse hacia la gasolinera que había a un lado de la carretera. Rogaban porque pudieran cargar combustible. El estanque de su auto estaba casi vacío. No habían podido llenarlo en ninguna de las gasolineras de la ciudad que habían dejado aquella mañana, porque ninguna de ellas tenía gasolina para ello. Sin otra opción, habían partido con la esperanza de poder llenar el estanque en el camino, pero tras casi una hora de viaje, aquella era la primera gasolinera que encontraban… y si no contaba con gasolina, estarían en serios problemas. Estaban a más de 100 kilómetros de distancia de la ciudad que acababan de dejar y a más de 500 kilómetros de la ciudad a la que querían llegar, lo que significaba que no podrían llegar a ninguna de las dos a pie antes de que anocheciera. El padre de Claire aparcó junto a la bomba y se bajó del automóvil, volviéndose hacia su hija. – Estate atenta.

Claire asintió, bajándose y mirando en todas direcciones mientras su padre se encargaba del combustible. Aunque estaba atenta a cualquier cosa que pudiera aparecer, sujetando su pistola con fuerza, escuchaba de cerca lo que su padre hacía. Casi gritó de emoción cuando la bomba se puso a transferir combustible al estanque del auto. Sonriente, se volvió y se encontró con la sonrisa de su padre, quien la miraba con una expresión relajada. Una gran presión se había levantado de sus hombros. Claire suspiró, aliviada, pasándose una mano por su melena negra, quitándose un mechón del rostro antes de regresar a su guardia, bastante más tranquila. Habían tenido suerte. Ya no faltaba mucho para que el invierno se hiciera presente, y tenían que llegar a las islas del noreste antes de que eso sucediera. Cuando la lluvia fuera continua, desplazarse sería difícil, y buscar refugios en las ciudades en las que se detuvieran se convertiría en una tarea mucho más tediosa y complicada de lo que ya era. Escuchó como el seguro de la bomba de gasolina saltaba y supo que el estanque estaba lleno. Su padre quitó la manguera y le puso el tapón al estanque antes de dirigirse a la cajuela y sacar un contenedor de plástico azul. Procedió a llenarlo con gasolina y finalmente se dirigió a Claire.

- Ya está. – anunció, sonriente, caminando hacia la puerta del conductor luego de guardar el contenedor nuevamente en la cajuela. Claire sonrió y caminó de regreso al auto. – Podemos irnos.

La chica subió al asiento del copiloto al tiempo en que su padre encendía el motor. Los dos vieron, maravillados, como la aguja del combustible subía rápidamente hacia la letra F, que indicaba que el estanque estaba lleno. Habían tenido mucha suerte. Cerraron las puertas del coche y se prepararon para partir, pero justo antes de que el coche se pusiera en marcha, el padre de Claire echó un vistazo por el espejo retrovisor, divisando una figura tambaleante que salía de la tienda destartalada.

- Si había uno de ellos, al final. – anunció el hombre, haciendo que Claire se volteara y mirara hacia atrás. Un caminante, en un estado bastante deplorable, se acercaba lentamente hacia el coche, con los brazos extendidos hacia él. Sabía que había alimento dentro del vehículo. Claire juntó las cejas, observando a la lastimera criatura. Su piel y su carne se estaban cayendo a jirones. Su rostro ya no reflejaba nada de la humanidad que alguna vez poseyera. La poca piel que le quedaba estaba gris, con venas negras marcadas horriblemente, y, donde debían haber estado sus labios, solo había trozos desgarrados de piel, que no alcanzaban para cubrirle los dientes, lo que lo dejaba con una macabra sonrisa permanente. Claire se volteó rápidamente y miró hacia delante.

- Vamos. – pidió la chica. Su padre se quedó un par de segundos más viendo por el espejo retrovisor, esperando a que el caminante se acercara más. Claire podía oír perfectamente los gemidos guturales del zombie cuando su padre decidió acelerar y alejarse de ese sitio. Claire se volteó ligeramente para observar a su padre con una expresión de molestia. Había esperado hasta que el muerto estuviera a meros centímetros del coche antes de ponerse en marcha, solo para frustrar al pobre infeliz. La chica entendía perfectamente el odio que le tenía su padre a todas las criaturas monstruosas que amenazaban con extinguir lo que quedaba de la humanidad. Ella también lo hacía. Esos monstruos habían matado a su madre y a su hermano, y a todos sus amigos… pero ella, a diferencia de su padre, tendía a respetar ligeramente lo que los caminantes habían sido antes de convertirse en esas criaturas. Pronto, su expresión se suavizó luego de volver a pensar en los motivos que su padre tenía. Él lo había perdido casi todo. Sólo le quedaba ella… aunque ella estaba en la misma situación.

Su padre aceleró, estaban a un poco más de 500 kilómetros de la ciudad en la que planeaban pasar la noche. Y faltaban un poco menos de siete horas antes del anochecer. Tenían que darse prisa. Era una de las molestias del tipo de clima que presentaba el mundo. No abrían tardado más de tres o cuatro días en llegar a su destino si no tuvieran que detenerse dos o tres horas antes del anochecer para buscar un refugio para pasar la noche. Y ya llevaban casi dos semanas de viaje y calculaban que aún les faltaban un poco más de dos semanas más. Si no había retrasos inesperados, lograrían llegar a la costa este y a los refugios justo al término del verano. Y hablando de retrasos…

- Recuerda que se nos está acabando la comida. – recordó Claire, mirando a su padre. Luis alzó las cejas. Ya lo suponía ella, lo había olvidado.

- Cierto, teníamos planeado reabastecernos en la próxima ciudad en la que nos detengamos. – dijo el hombre, juntando las cejas. – Tenemos comida para…

- Dos días, máximo. – dijo Claire.

- Entonces, nos detenemos hoy, mañana nos movemos de nuevo, paramos en la próxima ciudad mañana en la tarde. Pasado mañana al amanecer tendremos que buscar comida antes de continuar con el viaje… - contó su padre, y luego la miró. - ¿Crees que nos alcance?

- Si. – opinó Claire, sonriendo y asintiendo. Su padre sonrió también, marcando las arrugas de su frente y las de alrededor de sus ojos. La chica no pudo evitar notar lo mucho que su padre había envejecido en dos años. Las noches en vela, la mala alimentación, el estrés constante de temer por la vida de ambos, los malditos recuerdos de un mundo mejor… estaban comenzando a pasar la cuenta. – Puede que incluso sobre un poco, pero no podemos posponerlo más. Tenemos que buscar aunque sea una cuantas latas de comida para el resto del viaje.

Su padre asintió, volviendo a concentrarse en el camino. Claire sonrió, ella solo tenía 17 años, pero su padre la trataba como a toda una adulta. Escuchaba sus ideas y entre los dos planeaban sus siguientes acciones, y Claire estaba segura de que ella no sobreviviría si no fuera por él. Sonriendo, se inclinó hacia un lado y apoyó su cabeza en el hombro de su padre. Le había enseñado tantas cosas, la había protegido siempre, desde su nacimiento. Claire sonrió. El recuerdo de su primer y único novio se le vino a la mente. Ella solo tenía 12 años, al igual que su novio, Logan. Era un noviazgo inofensivo; jugar juntos, tomarse de la mano, uno que otro beso… pero su padre era tan sobre protector con ella que le hizo la vida imposible al pobre chico. Una vez lo asustó tanto que Logan nunca volvió a hablarle. Su madre se había puesto furiosa, pero nunca ninguno en la familia supo qué era lo que había hecho para hacer que el chico saliera llorando de su casa. Aunque Claire tenía la sospecha de que su hermano, Brian, había participado también de la “pequeña broma” que su padre había preparado. Hasta el presente, su padre aún no le decía qué era lo que había hecho.

- ¿Quieres que conduzca un rato? – preguntó Claire, alzando la cabeza y mirando a su padre. El hombre sonrió y miró a su hija.

- No te preocupes, estoy bien. – le aseguró Luis. – Te avisaré si quiero descansar un poco.

- De acuerdo. – dijo Claire, sonriendo y volviendo a apoyarse contra el respaldo de su asiento. A la velocidad a la que viajaban, seguramente tardarían unas cuatro horas en llegar a la ciudad que habían elegido para quedarse aquella noche, quizás menos. La idea de llegar a tres horas del anochecer la ponía nerviosa. Encontrar un refugio seguro en el que pasar la noche en tan poco tiempo era difícil y arriesgado, pero no sería la primera vez que lo hicieran.

:::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::

Adam pisó el freno y detuvo su coche a unos metros del desastre en medio de la carretera. Juntando las cejas, abrió la puerta y bajó del auto. Eso no estaba allí el año pasado. Dando un profundo vistazo a los alrededores, comenzó a avanzar hacia la desastrosa barricada que bloqueaba su camino. Llevando su escopeta bien sujeta, se acercó al primero de los casi diez automóviles abandonados en la carretera. Aunque probablemente abandonados no era la descripción adecuada. Adam se asomó por la ventanilla rota del primer vehículo, alerta a su alrededor, y descubrió que no había nada ni nadie en su interior. Era un auto de transmisión manual, por suerte, y no muy grande, podría quitarlo del camino sin muchos problemas. Siguió hacia el próximo, que estaba estrellado contra los bloques de contención de concreto. También era manual, y estaba vacío, pero no creía poder moverlo. Estaba incrustado en el concreto, y totalmente deshecho, y el color negro cubría lo que quedaba. Adam se fijó mejor en lo que rodeaba a ese coche, había habido un incendio allí. Aún mirando detenidamente no era capaz de decir con exactitud lo que había sucedido. Ni siquiera estaba seguro de que todos esos vehículos hubieran formado parte del mismo accidente. Descartando los autos que habían formado parte del incendio, los cuales no podría mover; el hule de los neumáticos se había fundido y pegado al pavimento, le quedaban cuatro autos que registrar, y los halló a todos vacíos. Volviendo a observar los alrededores, regresó al primer auto y abrió la portezuela y, sujetando el volante, comenzó a empujar, con fuerza, logrando mover el auto sin mucho esfuerzo. Tras unos metros, giró el volante y quitó el coche del camino, que se deslizó lentamente y por si solo por la bajada que conducía al bosque que estaba junto al camino, deteniéndose a unos metros del primer árbol. Suspirando, miró en todas direcciones y, tras comprobar que no había peligros, el joven se movió hacia el siguiente auto. Hizo lo mismo con todos los vehículos restantes y que podía mover, quizás teniendo que hacer un esfuerzo mayor para la camioneta que estaba al final de la barricada, pero luego de unos diez minutos tenía el camino despejado.

Adam miró el cielo, entrecerrando sus ojos para protegerlos de la luz del sol. Podía ver el grupo de nubes que comenzaba a formarse en la distancia. Llegaría a tiempo para acomodarse sin apuros en su apartamento antes de que anocheciera, si es que no encontraba más contratiempos. Se volteó para regresar a su auto, un volvo xc60 del año 2010 que había encontrado en perfectas condiciones en una automotora que no había sufrido daños. Le encantaba ese automóvil. Era espacioso, cómodo, y sobre todo, económico. Claro, no era que el dinero importara, en realidad, la relación entre el consumo de combustible y la distancia recorrida era excepcional. Adam sonrió, siempre le habían gustado los coches, e incluso después del fin del mundo seguía así. Iba a medio camino al coche cuando escuchó un fuerte crujido proveniente del bosque. En menos de un segundo estaba firmemente encarando a los árboles, con la escopeta lista para disparar. Agudizando el oído, detectó pasos irregulares y, sobre ellos, el creciente gemido de los caminantes. Juntando las cejas, Adam comenzó a correr, llegando a su coche en pocos segundos. Rápidamente, se subió al asiento del conductor y cerró la puerta, activando los seguros y encendiendo el motor. Antes de ponerse en marcha, sin embargo, el movimiento proveniente de entre los árboles llamó su atención. Arqueando sus cejas, Adam miró, sorprendido, como lo que al menos eran cien caminantes saliendo del bosque. En distintas etapas de descomposición, todos los hambrientos muertos vivientes se acercaban torpemente, estirando sus brazos con ansias.

- ¿Desde cuándo viven en el bosque? – preguntó Adam, para si mismo, y juntando las cejas lentamente. Otra vez los veía moverse en grupos, como nunca antes del incidente en el centro comercial. Por supuesto, era imposible no encontrarlos juntos de vez en cuando, pero en esa ocasión, además de ser demasiados, habían salido al mismo tiempo de entre los árboles. - ¿Acaso esto es… una emboscada?

Estaban a bastantes metros de distancia, por lo que se permitió quedarse analizando a los zombies. Criaturas tambaleantes y de aspecto putrefacto; nada diferente a los caminantes que conocía de las ciudades. Estaba intentando buscar algo que le indicara si eran una clase diferente de criaturas, pero no había nada que los hiciera diferentes. Aunque, tal vez caminaban un tanto más lento que de costumbre. Iba a ponerse en marcha ya cuando un fuerte golpe en la ventanilla del asiento del copiloto lo hizo voltearse rápidamente. Un caminante estaba apoyado contra la ventanilla, intentando meter su cabeza en el interior del vehículo, más sin poder pasar a través del cristal, manchando todo con sangre. ¿En qué momento había llegado hasta allí? Adam miró hacia atrás del zombie que había alcanzado su auto y divisó a otros dos, casi encima de su auto también, y que habían salido de un grupo de árboles que se encontraba en esa dirección. Aunque solo tardó dos segundos en acelerar y largarse de ese lugar, notó perfectamente que esos tres caminantes no emitían gemido alguno, por eso habían pasado desapercibidos hasta que ya estaban encima de él. Si Adam no hubiera corrido hacia su auto de inmediato apenas divisó a primer caminante salir del bosque, y si se hubiera confiado por la distancia que lo separaba de ellos, esos tres zombies podrían haberlo emboscado desde atrás sin problemas. Metiendo el pie a fondo en el acelerador, Adam llegó a la conclusión de que, efectivamente, todo aquello había sido una emboscada planeada por los caminantes. Se negaba a creerlo, pero el grupo numeroso de caminantes, ruidosos y lentos, habían hecho todo ese show a modo de distracción, para que así, los tres zombies que se movían silenciosamente desde la dirección contraria pudieran atrapar a la presa.

Aún cuando acababa de presenciarlo, no podía terminar de creerlo.
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Re: Forever A. Lone

Mensaje por MoN_SooKie el Lun Oct 03 2011, 12:18

Los caminantes piensan y actuan en grupo!! Eso es peligroso, la verdad es que si!!

Quiero massssssssssss jejeje

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Re: Forever A. Lone

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